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¿Pantallas: aliadas o villanas? (no es blanco o negro)

La relación entre las pantallas y las infancias es un tema que nos atraviesa todo el tiempo porque pone en cuestión el vínculo que tienen los adultos con las tecnologías y la vida cotidiana. Qué pasa con las niñas y los niños y los celulares nos obliga a pensar en nosotros mismos, en el lugar que los dispositivos tienen en cada momento, cómo se llevan por delante cada instante, cada minuto. ¿Qué hacer, entonces? La propuesta es pensar y también concretar en acciones que nos sirvan como límites para nosotros mismos y también para los pibes y las pibas que nos observan y construyen un universo propio a partir de una mirada crítica. Esto lo explica muy bien Carolina Martínez Elebi en su newsletter Derechos Humanos y tecnología cuando recreó un diálogo con uno de sus hijos:

“Hace unos días, en medio de una charla con uno de mis hijos, él me planteó la pregunta -en formato de presentación formal de reclamo, como si yo fuera un libro de quejas- de por qué ‘los adultos’ tienen todo el tiempo el celular y ‘lo pueden usar cuando quieren’ y él no puede tener uno.

“Después de la explicación de por qué él no puede todavía tener uno propio, le reconocí que la gran mayoría de las veces los adultos no usamos el celular ‘cuando queremos’. Le dije que la mayoría de las veces ‘tenemos que tenerlo cerca’ por si ‘alguien’ intenta comunicarse con nosotros, ya sea la familia o compañeros de trabajo. Me cuestionó ese ‘TENEMOS QUE’. Me dijo ‘¿por qué TIENEN que hacerlo, incluso en vacaciones? Eso no está bien’.

Lo que sigue es una interesante reflexión que Carolina apelando a una multiplicidad de voces que enriquecen el debate.

Pero volvamos a las infancias. Hay tres libros que nos invitan a pensar sobre cómo la conexión irrumpió en la vida de los adultos y cómo los chicos y las chicas conviven con este nuevo paradigma aún en construcción.

Uno es Siempre conectados (Sudamericana, 2025), de Victoria Conte con ilustraciones de Jimena Tello: “A Fede le encantan las pantallas. Las mira día y noche. Hasta que una mañana, mientras desayuna sumergido en un jueguito en el celular, ¡plop!, se cae adentro. Desde su mundo virtual, solo puede mirar el mundo real y empieza a extrañar eso que antes ya casi ni registraba: las tardes en familia, los encuentros con amigos, jugar al aire libre. Así, Fede aprende que las pantallas son divertidas y pueden ayudarnos en distintas situaciones, pero lo más importante está afuera, en el encuentro con los otros, en un abrazo, una caricia, una risa compartida”.

Por su parte, la editorial Chirimbote publicó en 2025 La pantalla de Lucía (en la sala de espera), de Teresita Regueiro e ilustraciones de Mariana Ardanaz y Conectar en tiempos de pantallas, Crianzas y consumos digitales en infancias y adolescencias, de Jesi Farías y Nadia Fink (compiladoras).

La pantalla de Lucía  tiene la historia de una niña que fue a una consulta médica con su mamá y se entretiene con una pantalla imaginaria. El libro viene con propuestas para jugar y realizar tu propia pantalla para crear posibles escenarios e historias. La página final tiene “una reflexión para acompañar a las infancias en un mundo lleno de pantallas (muy distintas a la pantalla de Lucía)”. Además tiene códigos QR “para seguir pensando y reflexionando” mediante otros textos.

Conectar en tiempos de pantallas es un libro coral que propone “romper el algoritmo”. La idea es “ralentizar el tiempo y detenernos a pensar, a compartir, a mirar la forma de una nube o una filita de hormigas presurosas. Volver a sentir que otras realidades, las de acá cerquita, conviven al mismo tiempo y necesitan que estemos presentes.”